El motivo era profesional y, además una buena oportunidad para probar un auto atractivo: Volkswagen Passat 2.0 TDi. Como siempre, no hubo problemas para conseguirlo y partir.
La excusa, la presentación de mi libro en la Feria del Libro de Tandil.
Como el destino era Tandil, el viaje era facil y rápido. Y el gasolero se portó como tal. En la marcha por la ciudad, silencio absoluto. Parece un Hover-craft, como si no tocara el suelo. La suavidad de marcha es impresionante y aunque su salida no es notable -la transmisión es automática- se las ingenia para andar ágil en el siempre vergonzoso tránsito de Buenos Aires.
Una vez en la Autovía 2 el 2.0 entra en su elemento. Es muy rápido y anda muy seguro en las curvas de amplio radio. Se conduce muy facilmente y obedece a las maniobras con suavidad. Andando a velocidad elevada el silencio desaparece. El flujo del aire se convierte en un zumbido constante que obliga a aumentar el volumen de la radio. Pero su comportamiento es notable.
Resultó muy divertido andar por los caminos típicos de las sierras, con desniveles suaves y curvas de radio diverso, que hacían recordar el hermoso circuito que tenía Tandil para el TC pero que con el tiempo, se hizo demasiado peligroso. Allí el Passat estuvo a sus anchas y demostró todas sus virtudes.
Luego de tanta diversión el VW descansó como se debe, nada menos que en la Posada de los Pájaros, un lugar que quedaría bien -sin dudas-, en cualquier lugar turístico de Europa. Entre las colinas, los bosques y las sierras. Todo silencioso, atención más que esmerada y un spa como para dejar allí 15 ó 20 años que ya sobran.