Los incidentes como el de Michael Schumacher en La Rascasse en las pruebas de clasificación de Mónaco no se definen nunca técnicamente. Lo que juega, realmente, es la pasión. Por lo tanto, ni la telemetría puede determinar exactamente lo que pasó. Las discusiones se hacen históricas y la culpa o la explicación para determinarla está estrechamente vinculada con lo bien -o lo mal- que le caiga Schumacher al aficionado.
Para algunos fue una gran maniobra -en realidad lo fue- y para otros un recurso tramposo para perjudicar a Fernando Alonso. ¿Quién tiene la razón?. La elección es a gusto del consumidor. Los comisarios deportivos estuvieron 7 horas para decidir la sanción. Schumy, cuando se cansó, se fue a dormir...
Actitudes antideportivas en el automovilismo hay para escribir varios tomos, en los que está involucrado Schumacher y hasta el recordado Ayrton Senna. Bueno, durante la carrera lo mandaron a Fisichella a colocarse entre Alonso y Raikkonen, pero se arrepintieron rápidamente. Pero como el automovilismo no es un deporte...no se pueden esperar actos heroicos en favor de un rival. El aficionado joven podrá sufrir una desilusión ante esta afirmación, pero después de medio siglo de ver carreras de todo tipo, uno llega a la conclusión -compartida por colegas igualmente veteranos- que a los pilotos no les interesan los autos. Sólo quieren que les sirvan para ganar dinero. "El auto más lindo es el que gana", dice un axioma muy conocido. Y, personalmente, no recuerdo ningún piloto que -antes o ahora- se haya emocionado ante un auto determinado o lo haya conmovido simplemente por eso, por ser un auto bueno o lindo. Por lo tanto, discutir por esos problemas es perder el tiempo. Y el tiempo es oro...Y recuerde que la bandera que autoriza para andar rápido es color verde. Y el dolar, también.