Jenson Button es más divertido de lo que fue James Hunt y a los 20 años de edad ya era multimillonario, pasaba mucho tiempo en Montecarlo -donde tenía un pisito en lo alto de un edificio-, andaba en Ferrari Modena por Inglaterra y tenía amarrado en el puerto un barquito de 22 metros, cerca del yate de Rainiero. Claro que todo eso lo sabía matizar con señoritas de todos los colores. Un loquito, un playboy, un divertido. Lo que quiera. Pero en los minutos seguidos a su primera victoria en la F-1 tuvo dos expresiones totalmente opuestas a lo que, parece, es su personalidad. Cuando estacionó el Honda se bajó y abrió los ojos -con el casco puesto- a un tamaño poco común. No se tiró al suelo, ni se subió al auto haciendo gestos rituales, ni gritó, ni se arrodilló. Abrió los ojos, en la expresión del mayor sorprendido de la jornada. Y luego, en el podio -aun cuando se escuchaba el himno inglés- no hizo más que intercambiar señas, saludos y gestos con su padre -John-, un ex campeón de rallycross grande como un ropero, con cara de tosco leñador en actividad y que sin embargo luchó y ganó como buen terco, para que no le salieran las lágrimas que empujaban sus párpados. Quedó como una poco común imagen de amor filial, respeto y profunda alegría.
Le criticaron siempre que se dedicara a la buena vida -o, por lo menos, divertida- y lo bautizaron como Jet Set Button (seguramente de envidia). A los 9 años ganó el British Kart Super Prix y empezó una carrera que lo llevó a imponerse consecutivamente en los siguientes cuatro años en todas las categorías del campeonato británico. En 1994 también fue a correr a Italia, donde fue campeón de las Series Italianas y el piloto más joven en debutar en el Mundial de la Fórmula A Kart. En 1998 fue a los campeonatos británico y europeo de la Fórmula Ford. Con 18 años fue campeón británico y segundo en el europeo. Al año siguiente fue el Rookie del año en la F-3 inglesa, donde se permite cualquier cosa menos perdonar.
Por entonces Frank Williams lo tomó en lugar de Alex Zanardi, con quien no se llevaba bien, y Button debutó al lado de Ralph Schumacher en el GP de Australia del año 2000. F-1 sin pasar por la Fórmula 3000 -los únicos que lo habían hecho fueron Senna, Piquet y Hakkinen-. Luego vendrían malos tiempos en Benetton, Renault, BAR Honda y un golpe fenomenal en Mónaco. Le fue mejor en 2004 -una pole en San Marino, segundo en 4 carreras y tercero en 6- por lo que Williams volvió a la carga. Button lo cortó fácil: "Es verdad, no quiero regresar a Williams".
Luego llegó lo de Honda convencido por dos motivos: la casa japonesa le ofreció 88 millones de dólares por 5 años y Williams -siempre ahorrativo- 16 millones por 2. Además, Nick Fry, director de Honda, lo consultó para contratar a Barrichello, por si no lo quería.
Pintón, alegre y divertido. Hubo muchos y habrá más. Pero Jenson Button, ganador en F-1 después de 113 carreras, no sólo anda muy fuerte, también siente respeto -antes que nada- por su fornido padre que casi se pone a llorar por el triunfo del nene. ¡Qué nene...!