Aunque ya pasó medio siglo, siempre tenemos presente que cuando uno se enoja por algo y quiere expresarlo, como corresponde en ésta profesión, salen los amigos y colegas con la antigua frase: "Pará, dejá de molestar...Si ésto es así. No te calientes. No te vuelvas loco..." y cosas parecidas.
Hace unos días se produjo algo que nos pone, una vez más, en esa repetida situación. Como se sabe, a raíz del gravísimo accidente de Rafaela, la ACTC prohibió correr con acompañante desde...2008. Es decir, que hasta fin de año y durante todo 2007 los pilotos seguirán llevando acompañante.
Por totalmente conocidas, no vamos a repetir las razones que fundamentan el correr con acompañante. Lo que no podemos dejar de expresar, para que conste, es que si en éste lapso de espera se produce otro accidente fatal, alguna autoridad deberá -como corresponde- hacerse responsable.
Aquí nadie es inocente. O desinformado. El automovilismo no es un deporte. Es un entretenimiento profesional. Rentado. Plagado de intereses de todo tipo, pero -especialmente- compromisos de dinero. Mucho dinero. En algunos casos llega a fortunas. No especulemos con que el TC es el de las cupecitas del ´60. El de los buenos muchachos del "llerta".
Ahora mueve fortunas. Se vende todo. Hasta el aire de las gomas. Hasta las terminales tienen intereses. La industria automotriz -no toda- participa de esta actividad que apasiona a los argentinos. Pero que suele ser muy cruel. Te da mucho. Pero te puede quitar hasta la vida. Cuidado. Y no nos hagamos los sordos o los desmemoriados. Recordar honestamente lo que puede ocurrir no es de giles ni de mufas. Es una obligación para la gente bien nacida. El dinero, aunque sea mucho, no vale una vida. Y esa resolución está vigente. Los dirigentes tienen que estar para la sonrisa y para el dolor. Que no lo olviden.