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Ayrton Senna
Siempre en el recuerdo

Al cumplirse un nuevo aniversario de la muerte de Ayrton Senna -GP de Imola, 1 de Mayo de 1994- es bueno conocer como vivió sus últimos minutos en los momentos previos a la partida. Ese ritual que cada piloto vive de manera diferente, pero todos teniendo en cuenta -seguramente- que pueden ser los últimos momentos de su vida. El periodista brasileño Francisco Santos hace un muy buen relato en su libro sobre el notable piloto al que todos los aficionados recuerdan siempre.

Celso Itiberé cuenta que aquel Domingo 1 de Mayo, Ayrton Senna parecía otra persona. Lo mismo sintió el francés Armand, cámara de TV Globo: "Estaba distinto. Preocupado". Valerie Junquera, de Elf, y Riccardo Patrese coinciden en que Senna estaba preocupado y pálido desde el Viernes. El tricampeón, antes de dirigirse a la grilla de partida, llegaba siempre a los boxes lleno de energía, bromeando con los mecánicos. Ese día se comportó de modo inusual.

Llegó temprano para el warm-up, regresó al motor-home y al dirigirse al briefing de pilotos, conversó primero con Lauda y luego con Berger. Al volver se encerró en su motor-home. Ese era el comportamiento normal de cualquier piloto antes de un Gran Premio y el que Senna obedecía religiosamente. Pero lo cambió cuando salió para la carrera. Entró al box a las 13:27hs e hizo algo completamente diferente. Tardó mucho en salir del box. Apoyó ambas manos en los extremos del alerón trasero, miró al auto y se quedó así, inmóvil, durante algunos minutos, como si fuera a pronunciar una oración. Un funcionario se le aproximó y le pidió un autógrafo. Senna movió negativamente la cabeza, indicando que no quería ser molestado. Patrick Head llegó y le dijo algo. Ayrton lo miró un momento y regresó enseguida a su posición anterior, hasta que finalmente se dedicó a mirar lentamente todas las partes del auto, por delante y por detrás. Parecía tener un sentimiento interno de que necesitaría algo más que su extraordinaria capacidad para superar la prueba que estaba a punto de dar comienzo. Sólo después Senna se colocó el casco y, sin pronunciar una palabra, se colocó al lado del cockpit. Entró enseguida y se abrochó el cinturón. Parecía extraño y estaba triste, pensando todavía lo que había ocurrido el día anterior. (La muerte del piloto Roland Ratzenberger).

Antes de entrar en el auto pidió que le alcanzaran una bandera de Austria. Confiaba en que iba a ganar la carrera y quería festejar la victoria con una bandera austríaca en homenaje al piloto trágicamente desaparecido. Finalmente Ayrton pidió que le pusieran en marcha el auto para dirigirse a la grilla de partida. Y nuevamente hizo algo diferente. Normalmente Senna daba dos vueltas. Una por el pit-lane y la segunda por la pista para calentar las gomas y revisar el auto. Ese día dió tres, antes de estacionar el auto. Cuando llegaba ese momento Ayrton se quedaba habitualmente adentro del auto, totalmente concentrado, sin hablar ni responder a alguna pregunta. Aquel día, sorprendentemente, se quitó el casco y lo puso sobre el lateral de la carrocería.

Pocos minutos antes de la salida le había dicho a los periodistas de televisión de todo el mundo: "Mi auto es difícil de conducir. Es nervioso. El circuito es resbaladizo y peligroso. Faltan escapatorias...".
Pocos minutos después se estrellaba contra el paredón de Tamburello, a 15 metros de la pista y sin ninguna
clase de protección, como leca o, por lo menos, arena o tierra. Ayrton Senna llevaba su Williams a 310 km/h.

"Correr, competir...Lo llevo en la sangre. Es parte de mi vida". Era su frase habitual. Nuestro respetuoso homenaje.

   
   
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  Ayrton Senna en Mónaco