Todos los años, en los primeros días de Setiembre, el lindísimo trazado de Monza se transforma en el escenario del Teatro de la Scala de Milan. Es decir, en el lugar donde se desarrolla la más acabada muestra de la Opera italiana. Esto ocurre con mayor relevancia desde que comenzó la Fórmula 1 en 1950, pero ya existía en los Grandes Premios de Italia anteriores a la II Guerra Mundial.
¿Qué otro ámbito podía elegirse si allí cerquita de los dos está Maranello, el hogar de la marca mágica del mundo del automóvil...?. Ferrari es, naturalmente, la prima donna. Pero la ópera la protagonizaron otra marcas, siempre -claro- que fueran italianas: Alfa, Maserati y hasta Stanguellini...
Los sábados siempre se sabía que la pole sería de un auto italiano -ésta la arruinó Kimi por 2/1000 porque vive en otro mundo y estaba rindiendo exámen- para entusiasmar a la popular y hasta se comentaba entre los conocedores que ese día los motores -allá por los ´60- tenían algún litro de más.
Dejando de lado las historietas y yendo a la realidad actual hay que reconocer que el tío Bernie y sus colaboradores -Flavio, Ron- la hicieron perfecta. El libreto indicaba que el protagonista era Schumy porque se despedía y había que acercarlo a Alonso para lograr dramatismo en el campeonato. El sábado al español se le desinfla una goma y le rompe un deflector. Va al 5º lugar. Pero, como era muy cerca, le inventaron rápidamente que se había colocado adelante de Massa al salir apurado del box y la turbulencia que le dejó al brasileño, le impidió hacer la pole a la Ferrari. "Largará décimo", le dijeron. Flavio amenazó indignado pero se guardó...Y, por último, cuando el Nano ya estaba tercero y se arruinaba el plan de acercamiento...rompió el motor de su infalible Renault. El último motor que había roto fue cuando corría en karting...
La ópera había concluído como estaba previsto. Sólo faltaban los detalles para el cierre espectacular: la espeluznante invasión de pista -famosa en la historia de la F-1- los abrazos con lágrimas incluídas y Schumy, en el podio, dirigiendo con las manos los acordes del himno italiano y duro como una estatua durante el himno alemán. Cae suavemente el telón. Los pilotos van a cambiarse a los...camarines.
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