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Esta penúltima entrega de la serie Fórmula 1 fue, por lo menos, curiosa, enredada y ligeramente incomprensible.
La estratosférica pole de Schumacher del sábado -superada por el tímido Massa segundos después- y la lejanía de Alonso en la grilla hizo suponer que, como siempre, Bridgestone era superior a Michelin en lo seco. Y no se esperaban mayores sorpresas para la carrera. Pero las hubo. La salida fue normal y Massa se fue adelante para dejarle el lugar a Schumy, con Alonso -que superó a Trulli en la salida- en el cuarto lugar. Pasando las vueltas quedó demostrado que Ferrari no era superior a Renault y que el Nano estaba cómodo esperando. Aquella impresionante superioridad de la vuelta del sábado no aparecía.
Tanto Massa como Fisichella estaban por allí, como espectadores con buena ubicación y sin demostrar que ellos también estaban para poder intentar la victoria -como lo dijo el brasileño en la conferencia de prensa- haciendo, sin ganas, sus papeles de Nº 1 y 2. Schumacher no se iba y Alonso se acercaba, mientras la armada japonesa -Honda y Toyota- también miraban de cerca pero sin peligro para los dos únicos protagonistas de la F-1 actual. La explosión del motor Ferrari -que no había rendido como siempre- puso final a la carrera.
En la semana previa y teniendo en cuenta lo sucedido desde Shanghai, el periodista de El País, Julio Iglesias, hizo un muy buen comentario con una gran capacidad de intelectual-observador lejano a la mera crónica deportiva: "En un recodo del box, oculto tras una pila de neumáticos de lluvia, Fernando ha puesto al mundo bajo sospecha. Lleva colgado un largo parte de incidencias; tiene un cumplido historial de puertas voladoras, depósitos lastrados de combustible y absurdos cambios de planes, asi que, por un acto reflejo -el mismo que le permite acelerar y frenar en un microsegundo- se siente víctima de una conspiración de mecánicos vendidos, representantes celosos, financieros volubles y amigos de conveniencia. De un día a otro, sus sueños de gloria se han convertido en un resabio paranoico; por eso pulsa los mandos con el tacto meticuloso de un detective en apuros y revisa los programas del ordenador con la mirada inquieta de quien busca al enemigo en casa".
Volvamos a Suzuka. Alonso festeja desde adentro del auto y luego de estacionarlo, hace la figura del pájaro alado que utiliza cuando gana, salta una valla y se tira sobre sus mecánicos para repartir abrazos y besos...¿Qué pasó?...¿Y sus comentarios sobre la conspiración de todo el equipo Renault, incluídos Briatore y Fisichella?.
El podio fue triste. Alonso alegre, pero no mucho. Massa con cara de queres estar en ese momento en Ipanema mirando pasar las chicas, negro de bronca y, finalmente, Fisichella llorando por la muerte de un amigo. Alonso levantó la botella de champagne, le tiró un poco a su ingeniero, Massa a cualquiera y Fisico -sin participar- le alcanzó la botella a un mecánico. Alonso ni le tiró champagne a su compañero de equipo y ni siquiera lo miró en algún momento. Todo muy triste.
Un rato antes al Spyker de Albers le explotó la parte trasera y se quedó con medio auto. Como si lo hubiera alcanzado un misil coreano. ¿Y si hubiera tenido alguien cerca...? Y por otro lado Takuma Sato, que estuvo toda la tarde tratando de andar por la pista cruzó, finalmente, la línea de llegada...y se aplaudió él mismo. Fue Un Gran Premio japonés... |
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