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Presentacion del Renault Alpine A110-50 Concept

Renault Alpine A110-50 Concept

Para celebrar los 50 años del histórico Alpine A110, Renault Sport Technologies creó al Concept Alpine A110-50.

La carrocería de fibra de carbono pintada con una nueva tonalidad de azul, rinde homenaje al famoso Azul Alpine original. Sus formas reinterpretan al A110, e incluyen al lenguaje de diseño introducido por Laurens van den Acker en el Concept DeZir y que paulatinamente se aplicará a los futuros modelos de Renault. Están presentes algunas de las características que identificaban al Alpine A110: los faros adicionales, en éste caso utilizando la tecnología LED, la cobertura que permite ver al motor central, y las entradas de aire laterales que replican las que estaban presentes en los arcos de rueda traseros: el derecho para la refrigeración de la caja de cambios y el izquierdo para el motor. El Alpine A110-50 es muy ancho: 1.96 metros y muy bajo: 1.23 metros. Las llantas son de 21 pulgadas, y montan neumáticos Michelin.

Renault Alpine A110-50 Concept

Con la apertura vertical de las puertas se accede a un interior propio de un automóvil de competición, con la fuerte presencia de la fibra de carbono. El volante incorpora una pantalla color y cuenta con la misma tecnología utilizada en la Fórmula Renault 3.5.

Renault Alpine A110-50 Concept

Producido por Renault Sport Technologies, el Alpine A110-50 está basado en la misma plataforma técnica que se utiliza en la categoría Mégane Trophy, e incluso coincide en el valor de la distancia entre ejes. La distribución de pesos es casi ideal: 48% en el tren delantero. Lo propulsa un V6 de 3.5 litros, que genera una potencia de 400 CV. La caja de cambios es semi-automática secuencial de 6 marchas con levas en el volante. Se ubica longitudinalmente detrás del motor e incorpora a un diferencial de deslizamiento limitado. La tracción es trasera.

Renault Alpine A110-50 Concept

El A110 Berlinette se presentó en el Salón de Paris de 1962 y fue desarrollado tomando como base al Alpine A108, con diferencias estéticas visibles especialmente en el sector trasero, para poder ubicar a un motor de mayor tamaño. Su objetivo era la competición, y los éxitos fueron numerosos. José Rosinski consiguió la primera victoria en el Rally des Lions, en 1963.

Renault Alpine A110
Renault Alpine A110

En 1967, se constituyó el equipo Alpine-Renault. Los pilotos Gérard Larrouse, Jean-Claude Andruet y Jean-Pierre Nicolas, se unieron a él, y Bernard Darniche, entre varios otros, como privado. A partir de allí se consiguieron varios campeonatos franceses y europeos. En 1971, Ove Andersson, al mando de un Alpine-Renault  A110, obtuvo el Rallye de Monte-Carlo. Repitió el éxito en Italia, Austria y Acrópolis, asegurándose el Título de ese año. En 1972 el motor de 1.600 cc fue reemplazado por otro de 1.800, y sirvió para que Bernard Darniche se coronara Campeón Francés.

Renault Alpine A110
Renault Alpine A110

En 1973 se inauguró el Campeonato Mundial de Rally, y como reflejo del dominio de la época, el Alpine A110 se quedó con esa primera edición de un torneo que llega hasta la actualidad.

Renault Alpine A110
Renault Alpine A110

En el video vemos a Jean Ragnotti, piloto que consiguió la edición 1981 del Rally de Monte Carlo, al mando de un Renault 5 Turbo en la reunión del Concept Alpine A110 con el histórico Alpine-Renault A110.

A 30 años de su fallecimiento recordamos a Luis Elias Sojit

Luis Elias Sojit con Juan Manuel Fangio y Eva Peron
Luis Elias Sojit con Juan Manuel Fangio y Eva Perón

Comenzó transmitiendo por radio fútbol y boxeo, después pasó al automovilismo donde hizo lo que nadie…gritó su famoso ¡coche a la vista!, ubicando primero a Raúl Riganti en el transcurso de las 500 Millas de Indianápolis, durante varias vueltas…Por supuesto estaba transmitiendo por teléfono desde un hotel -con un ventilador de pie a fondo- porque no había conseguido la credencial.

Luis Elias Sojit, el inventor de las transmisiones del TC, el que hizo vibrar a todo el país siguiendo a Fangio por toda Europa, el que transmitió -como pudo- la Buenos Aires-Caracas. El que tuvo la valentía de mantener sus convicciones gritando “Perón cumple” y “es un día peronista”…sabiendo que en esos momentos se jugaba poco menos que la vida. El que tuvo el comentarista más pintoresco de la historia, Don Pedro Fiore quien, además de su particular voz, su idioma casi indescifrable y su facilidad para cambiarle los nombres a los corredores, bautizó al gran Oscar Gálvez como “El Aguilucho” por su habilidad para manejar en la montaña y que todavía se utiliza para recordarlo…

Odiado por los entonces denominados “gorilas”, que lo escuchaban por radio, fue respetado y querido por todos aquellos que lo conocíamos bien. Amigo incondicional, respetuoso y servicial. Cuando fue el equipo Automundo a correr a Europa con Pairetti y Cupeiro en 1966, Sojit ya se había tenido que ir a vivir a Brasil y se agregó a nosotros en el aeropuerto de El Galeao, de Rio de Janeiro, como se llamaba por entonces. Todavía conservaba el buen humor. Cuando el Comet IV de Aerolíneas Argentinas -piloteado por el recordado Comandante Dillon- se fue acercando a la Terminal, en el balcón vimos con sorpresa que alguien saludaba con los brazos en alto. ¿Quién podía utilizar ese gesto tan conocido por todos nosotros en Brasil?.

Salimos para Recife pensando ya en todo lo que faltaba de viaje, cuando tuvimos la segunda ocurrencia de Luis Elías…después de comer fue al baño y regresó…en pijamas, para pasar la noche…

Ya en Europa disfrutamos de su buen humor y predisposición para hacer un trabajo que conocía como nadie, además de tener gestos de amistad para todos nosotros, incluido Fangio, por quien sentía una gran admiración, que fue mutua.

Con su pintoresca vida periodística se podría escribir un libro, y si lo recordamos con estas líneas es porque -como le pasó a varios- cuando lo conocimos de cerca pudimos comprobar su gran corazón y sincera amistad. En pocos días se cumplirán 30 años de su fallecimiento.

Juan Galvez – A 49 años de su muerte

Juan Galvez

El sábado 3 del actual se cumplen 49 años de la trágica muerte del más grande piloto que corrió TC. Durante tantos años ya se agotaron los elogios y los relatos de sus hazañas, por lo que creo que los números fríos de su carrera son suficientes para que se lo recuerde una vez más y para que los conozca mucha gente que, tal vez por su edad, no los tiene presentes.

Para nosotros, los que lo conocimos y disfrutamos de su talento, de su educación y de su sentido común -siendo una figura inigualable- también significa una satisfacción con la que él, por su enorme modestia, no estaría de acuerdo. Son estos:

CAMPEON DE TC: 9 VECES

KILOMETROS QUE CORRIÓ EN LA VANGUARDIA: 90.000

EFECTIVIDAD: 47%, EN 153 CARRERAS

CARRERAS GANADAS: 57

TRIUNFOS EN ETAPAS Y SERIES: 113

NOTA: En una Temporada Juancito perdió el título por 1 punto. En otra, por 1 punto y medio.
El domingo 4 de marzo, a las 10:30hs, los integrantes de la Agrupación Amigos de los Gálvez lo recordaran en el Mausoleo que guarda sus restos en el Recinto de los Notables, en el cementerio de la Chacarita.

A propósito, la ACTC prometió reparar el monolito que se levantó en el lugar de su accidente fatal, que se encuentra muy deteriorado. Esperemos su cumplimiento.

J.C. Perez Loizeau

El Aguilucho ya está donde debe estar…allá arriba

Monumento a Oscar Galvez

El Club de Gimnasia y Esgrima, que nada tuvo que ver nunca con el automovilismo, tiene ahora el enorme mérito de haber aceptado en su antiquísimo y prestigioso jardín  en su entrada de la Avda. Figueroa Alcorta, el busto, alto y digno, de Oscar Alfredo Gálvez, que recuerda que allí mismo -hace 63 años- venció por primera vez a los pilotos europeos que nos visitaban -y nos ganaban- desde 1947 en Retiro.

El mérito -tan poco frecuente en los años que vivimos- es, en primer lugar, de la denominada Agrupación Nacional de Amigos de los Gálvez, que se creó en Mercedes, Buenos Aires, que preside el Sr. Alberto F. Hassan y que mantiene, como puede, el recuerdo de los “pitucos” de la Capital Federal, tal como lo decía el propio Oscar, de él y de sus hermanos Juan y Roberto.

El mérito del Club ya lo destacamos y nos quedarían José Beraldi, el autor de la obra, y un desconocido por la mayoría de los aficionados, que realiza una obra que merece la ayuda y la colaboración -inclusive oficial- para seguir manteniendo un Museo ejemplar que está situado en el barrio de Villa Devoto, junto a la Gral. Paz, un lugar muy cómodo y con unos recuerdos realmente notables. Luis Spadafora es el que humildemente lo mantiene y hasta tiene la sensibilidad de ofrecerlo a las escuelas del barrio para que los chicos aumenten su cultura en forma gratuita. También es un notable restaurador de autos antiguos, como el que utilizó Jorge Cupeiro para ganar por segunda vez las 500 Millas de Rafaela.

Oscar está cumplido, Juan también y de muchas formas. Si alguien tiene -como parece- llegada con los funcionarios que deciden, úsenlos, pero antes consulte con los que saben, qué está bien, y dejen de lado intereses personales. Una actividad como ésta -por su idiosincrasia- merece respeto, antes que nada. No se la debe manosear ni utilizar con fines personales.

J.C. Pérez Loizeau

 

Falleció Roberto Mieres

Roberto Mieres

Hace pocos años me encontré con Roberto “Bitito” Mieres en el aeropuerto de Punta del Este, esperando viajar a Buenos Aires. Uno de sus mayores problemas era llegar y al encontrarse con algunas de sus hijas, tener que preguntarle: ”Hola querida, que linda estás…¿vos de quien sos…?”. Porque Bitito -falleció ayer- vivía un poco distraído. Era una especie de playboy, pero modesto. Por lo menos no tenía, como Menditeguy, la necesidad de ponerse de novio con Brigitte Bardot. Su pasión, realmente, era el yachting, el rugby, el tenis, el remo…y los autos rápidos. Sin embargo, en 1948 ganó su categoría en Rosario con un Mercedes SSK, que no era una pavada. Al año siguiente fue a Europa, y con una Ferrari F2 fue cuarto en Ginebra. En el 50 y 51 corrió con una Bugatti que había sido de Aquiles Varzi, auto Vintage, que era lo que más le gustaba.

En 1952 fue otra vez a Europa y firmó contrato con Amadeo Gordini por 2 años. En Albi, en F2, hizo tan buen papel que hasta hizo el record de vuelta con ese pequeño  autito, lo que entusiasmó al viejo Amadeo y lo anotó, al año siguiente, con el mismo auto, pero en F1. Fue cuarto del Talbot 4500 de Rosier, del BRM con el que sufría Froilán González y el nuevo Gordini 2500 de Trintignant. En 1954 Bitito pasó a conducir una Maserati de F2, con motor de F1, con el que fue segundo en Buenos Aires, sexto en Inglaterra y cuarto en Suiza y España.
Con esos resultados Mieres se integró al equipo oficial Maserati. Fue segundo en Torino, tercero en Pau y Burdeos y señaló el record de vuelta en el infernal Zandvoort, donde la pista se tapaba de arena, que venía de la playa cercana (allí se mató el prometedor Piers Courage).

En 1956 se dedicó a la vela, que realmente le apasionaba y donde consiguió numerosos triunfos, pero al año siguiente, corrió para la Ecurie Ecosse con un Jaguar D en los Mil Kilómetros de Buenos Aires, donde fue cuarto.

A partir de allí, Bitito se dedicó a los Turismo, consiguiendo buenos resultados con el Volvo 122, y con las Giulettas de Peppino Vianini. Además participó en las Mil Millas Históricas de Automóviles Sport, con su Vauxhall 1926.

Los años fueron pasando, se mudó a Punta del Este, y además de su linda casa junto a la laguna, se hizo kilómetros más adelante, un campo donde disfrutó sus últimos años.

Difícil despedir a un hombre tan especial. Por su calidad deportiva, por su personalidad y la inteligencia que demostraba en cualquier ocasión, con un lenguaje tan personal que provocaba risas y alegrías donde estuviera, especialmente en la “Viridita”. Por eso fue un personaje que ya estamos extrañando. Parte de su lenguaje:”Venia a mil por la recta…”.

Tenía 87 años de edad.

El Dakar y la Caracas: No es para comparar, es solo para recordar

Domingo Marimon

A raíz que el público argentino -además de los chilenos y peruanos- descubrieron un tipo de automovilismo que les resultaba extraño, que se corre por cualquier tipo de caminos y también por donde no lo hay, creo que no está de más -para gente de edad y también para jóvenes- escribir algunos datos sobre un acontecimiento que ocurrió hace más de 63 años y que presentamos sin comparaciones que siempre son odiosas, según una creencia popular.

CARRERA: Buenos Aires – Caracas, sobre 9.579 kilómetros y regreso desde Lima a Buenos Aires, sobre solamente 4.833 kilómetros, lo que hace un total de 14.412 kilómetros, en 14 etapas.

PARTICIPANTES: 141, de los que faltaron a la salida 3.

DISTANCIA DE LA PRIMERA ETAPA Buenos Aires – Salta: 1.692 kilómetros.

TIPO DE AUTOS: Turismo de Carretera.

VELOCIDAD PERMITIDA: Sin límites y sin tramos de enlace.

CLASIFICACION: 1º Domingo Marimón (Chevrolet), 2º Eusebio Marcilla (Chevrolet), 3º Juan Gálvez (Ford).

PROMEDIO: 80 km/h. El regreso de Lima lo ganó Oscar Gálvez a 102 km/h.

CREDITO TOTAL: Para el presidente del ACA, Dr. Carlos P. Anesi y para el responsable de la comisión de carreras del club, el inolvidable Francisco “Pancho” Borgonovo, quienes un año más tarde llevaron a Europa al equipo del ACA para la Fórmula 1, con camión, mecánicos, técnicos y pilotos, entre ellos Fangio y González.

Buenos Aires - Caracas - 1948

Insisto en que no vale la pena discutir, porque son dos cosas distintas. Lo que hay que hacer es un ejercicio mental para otorgarle méritos infinitos a aquello que se hizo hace más de 60 años.

Inauguracion de un monolito que recordara una gran hazaña

Oscar Alfredo Galvez en el Circuito de Palermo en 1949

Un grupo de fieles amigos de Oscar Alfredo Gálvez se reunirá el 4 de febrero próximo por la mañana en la entrada principal del Club de Gimnasia y Esgrima, en Palermo, para festejar en lo que sería el día de su cumpleaños, para descubrir un busto del querido Aguilucho y, además, conmemorar la primera victoria de un piloto argentino corriendo contra los europeos, lo que se venía haciendo desde 1947 en Retiro. Se eligió ese lugar por la razón que, justo allí, estaba instalado el box del piloto argentino que el 6 de febrero de 1949, en una jornada lluviosa, se adjudicó el V Gran Premio Ciudad de Buenos Aires, Premio María Eva Duarte de Perón, sobre los pilotos italianos José Farina y Alberto Ascari, que se despistaron poco antes del final. Tito conducía su legendario Alfa Romeo 3.8.

Se debe dejar constancia imprescindible sobre la buena voluntad puesta por los dirigentes del club de mayor jerarquía, el de Gimnasia y Esgrima, para aceptar la colocación del monolito dentro de sus instalaciones en su puerta principal sobre la Avenida Figueroa Alcorta.

La invitación se extiende hacia todos aquellos que recuerdan con cariño a un ídolo irrepetible.

Respetemos la Historia

Oscar Galvez en el circuito de Palermo en 1949

Me da mucha pena cuando alguien realiza un esfuerzo, se equivoca en su intención -o desconoce la historia del automovilismo argentino- e involucra a organismos del Estado. En éste caso, la Legislatura de la Ciudad De Buenos Aires que, comprendemos, tiene temas para tratar que exceden en importancia al entusiasmo de algunos, que suponen que un homenaje deportivo puede ser una prioridad en momentos tan difíciles, para una gran parte de los ciudadanos.

Me hicieron llegar los detalles de una Ley votada en la Legislatura que respeto, pero que nada tiene que ver con la realidad. Se trata de llamar de ahora en más “Juan Manuel Fangio” al circuito de Palermo -estoy utilizando estilo deportivo- que fue donde el 6 de febrero de 1949 Oscar Alfredo Gálvez se impuso por primera vez en la historia para un argentino, a los pilotos y equipos europeos que nos visitaban desde 1947. Anteriormente se corría en el circuito -también improvisado- de Retiro, frente al edificio de la Casa de la Moneda, carrera en la que estuve presente.

Sería demencial pretender quitarle algo de la gloria que Juan acumuló con su talento inigualable desde 1949 -en Europa- y a partir del año siguiente en los campeonatos mundiales hasta su retiro en 1958, con 5 títulos. Pero no se pueden dejar pasar detalles históricos que, a través de tiempo, pueden transformarse en realidad.

Para terminar -y no dar más detalles que los aficionados conocen- el problema comenzó cuando, también erróneamente, la Legislatura autorizó que el autódromo de Buenos Aires pasara a llamarse “Oscar y Juan Gálvez”, cuando debió ser justamente, “Juan Manuel Fangio”, por su idiosincrasia. Juan fue ídolo en las pistas y los Gálvez -también allí está la falta de no haber incluido a Roberto Gálvez- fueron los héroes de los caminos y las rutas…

Asimismo, no quiero dejar de informar que un grupo de incondicionales seguidores de Oscar  hicieron exitosas gestiones en el mismo sentido ante el Club de Gimnasia y Esgrima de Buenos Aires porque, ante sus puertas, estaba instalado el box del glorioso día de la histórica victoria de Oscar Gálvez, y en su ingreso hoy están a punto de terminar de instalarse monolito y busto recordatorios.

J. C. Pérez Loizeau

Ruben Daray cree en los milagros

Replica del Ford 39 coupe

Fue campeón argentino de Turismo Nacional y de TC2000. Luego se convirtió en periodista, tarea en la que se destaca desde hace muchos años. Vive y se desvive por el mundo del automóvil, tiene un conocimiento notable de su especialidad y, justamente por eso, a su labor profesional le agrega naturalmente, una importante cuota de sensibilidad. Aquellos tiempos dejaron no sólo recuerdos, también nos dieron gran cantidad de conocimientos acerca de la vida y también de los sentimientos que, finalmente, es lo más importante.

Visitando el Salón del Automóvil de hace un par de meses en La Rural, nos encontramos a un inesperado expositor, más contento que si tuviera en su pequeño stand una 250 GTO. Era Daray exhibiendo una réplica pequeña del inolvidable Ford de Juan Gálvez, rigurosamente pintado con los colores de Atma. Realmente impactante, porque fue retroceder hacia un tiempo inolvidable. Con lógica emoción, Rubén nos contó la historia.

En enero de 1961, en la pedana del Torreón del Monje de Mar del Plata, había una pequeña pista donde autos en escala con motor de 7 HP, daban vueltas conducidos por los niños. Rubén tenía 10 años de edad y pasión por los autos. Le apuntó al de su ídolo, Juan Gálvez. Una cupé Ford 39, con los colores de Atma, su publicidad original. A partir de ese momento, fue dura tarea sacarlo de su pequeño pero gran autódromo. Hasta llegó a ser nombrado instructor por los dueños, para darles lecciones a los chicos con menos conocimientos. Allí comenzaba la historia que está celebrando ahora con algunos años más que entonces.

Replica del Ford 39 coupe

“En 1974 yo salía con mi Fiat 128 al autódromo de Balcarce, cuando vi que un señor me preguntaba: “¿Te acordás de mi?” Habían pasado muchos años, me resultaba difícil. Pero, de pronto, me dijo:”Soy Julio Labeguere. Te enseñé a manejar con la cupé de Gálvez. Te acordas?” Ese señor, con Enrique Julio Fernández, construía las réplicas, en tamaño pequeño, de los TC de aquella época. Le pregunté dónde podía verla. Me dijo que se había destruido, pero que si la quería así como estaba, me la regalaba y que sería un orgullo que la tuviera yo. Don Julio murió y yo no supe más nada de mi querida cupé Ford. Ahora, a 36 años de aquel ofrecimiento, recibí un llamado telefónico. ”Hola, Rubén, soy Carlos Labeguere, el hijo de Don Julio, quiero cumplir con la palabra de mi padre y entregarte la cupé, como te lo prometió”. Me fui a Mar del Plata. Los hijos y los nietos de don Julio, me ayudaron a cargarla. Un momento inolvidable para mí.
Pero, faltaba el final de la historia. Expuse la cupé en el último Salón, la vio el socio de Don Julio, Enrique Fernández por televisión y se produjo el encuentro. Con sus 87 años de edad me contó toda la historia de Juancito con Atma y hasta me dio una carta, firmada por el querido piloto. Me confirmó además, que la pintura del autito es la misma que utilizó Juan para el auto de carrera…No lo podía creer.

Ruben Daray y Enrique Fernández
Ruben Daray y el constructor de la carrocería, Enrique Fernández

Ahora se puede entender por qué no voy a restaurar el auto. Así quedará. Testigo de una historia de esas que ayudan a vivir…”

Rubén Daray tiene algo importante para compatir.

Froilán González – A 60 años de la hazaña

14 de Julio de 1951 – 14 de Julio de 2011

Las famosas Alfettas de Alfa Romeo estaban terminando su período de gloria con la fórmula de 4.500 cc con aspiración normal y 1.500 con compresor. Con ésta opción el auto había ganado casi 30 carreras.

Cuando Fangio fue distinguido con la contratación de Alfa, se dio cuenta que al tener que detenerse para cambiar gomas y reabastecerse, las Alfettas tenía poca vida. Las Ferrari andaban sin tener que ir a los boxes y, además, con Pepe y Ascari la amenaza era seguramente una realidad para 1951.

El 14 de julio de ese año se corría el GP de Inglaterra en Silverstone. Un aeródromo secundario durante la Guerra Mundial que ya era famoso como circuito. Pepe y Juan llegaron con su Alfa Romeo Sprint -el que Juan le reclamaba la mitad de lo que costaba, pero se lo había prestado la fábrica- desde el Continente. Pero antes de ir al hotel se dieron una vuelta por el circuito, porque Fangio quería ver con tiempo cómo andarían. Pepe alcanzó casi 160 km/h, de promedio. A las pocas vueltas Fangio, que no había dicho nada hasta el momento, le comentó: ”Vamos, Gordo…Ya está. El sábado haces el mejor tiempo y el domingo ganás vos”.

Y así fue. Como lo predijo el sabio. Pepe obtuvo la primera carrera por el campeonato mundial, iniciado el año anterior, para Ferrari y a los 27 años de edad le cortó a Alfa Romeo un invicto de 27 carreras consecutivas, desde 1946.

Cuando llegó a Maranello, Don Enzo ya tenía la foto enmarcada de la llegada detrás de su escritorio y le regaló un reloj de oro. Poco, si lo vemos a través del tiempo. Si en lugar de Pepe hubiera sido Ascari, hubiera colocado, -por lo menos-, una placa recordativa en Maranello. Pero Pepe nunca tuvo noción de lo que valió su carrera deportiva.

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“Querido estaba todo el mundo. Los Príncipes, los Condes, tipos con polleritas, viejas con sombreros con plumas. Sonaban marchas por los altoparlantes…y faltaban como 5 minutos para la largada. Los motores chillaban como cuando le tiras la cola a los chanchos…¡Tenía unos nervios, que caminaba para todas partes!”.

Era el 14 de julio de 1951 y se corría el GP de Inglaterra por el campeonato mundial, en Silverstone. Froilán sigue contando: “En medio de ese loquero -faltaban 5 minutos para largar- empezó una sirena que me volvió loco…sentí un dolor de barriga que casi me doy vuelta…Miré desde el box y vi justo una casilla de madera en el pasto. Le tiré un manotón a un cacho de diario que tenía mi mujer y me zambullí adentro. Alcancé a ver a dos viejas que charlaban al lado de la puerta. ¡Para que te cuento!…Estaba hinchado por los nervios…La explosión se oyó hasta en la pista…Salí más rápido que cuando entré…Las dos señoras se agarraban los sombreros porque casi se les vuelan…Me acuerdo que alcancé a ver un cartelito que decía LADIES…¿Qué sabía que era un baño para mujeres…?”. La primera victoria de Ferrari en el campeonato mundial de Fórmula 1 empezó así…Pepe…Pepe.

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En los comienzos de la década de los 50, Froilán viajaba seguido a Inglaterra donde quedó como un ídolo. Un día ganó 3 carreras. Era más famoso que Juan. Pero Pepe no se preocupaba por esas cosas.

Había salido con Amalia, su mujer, desde Milano para ir a Londres con su Fiat 1100 y se empezó a cansar de tanto viaje. Pepe no tenía mucha paciencia. Y como se cansaba, se distraía. Al bajar del ferry encontró el camino y comenzó a darle. En eso estaba, cuando en un sector del campo, de lejos, vio que se acercaba un auto de frente. ”¡Querido, qué julepe!”…., recuerda. Le grité a Amalia: ¡Mirá ese bol…andando de contramano!…”. Amalia, pobre, alcanzó a gritarle: ¡”Pepe, nosotros andamos de contramano…!”. Pepe no tenía ni idea que andaba por Inglaterra…

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En los paseos aeróbicos que hacían Pepe y Juan por Milán, -como parte del entrenamiento de las primeras épocas, que duraron poco- todos los días hacían un mismo recorrido que pasaba por el bonito zoológico de Milan, muy arbolado. Después de pasar por allí, Juan notó que los monos de la gigantesca jaula que estaba cerca de la vereda, armaban un alboroto terrible. Juan, un especialista en encontrar detalles para analizar, se preocupó. Y descubrió lo que pasaba. Al salir del hotel, Froilán se llenaba los bolsillos con aspirinas y se las tiraba a los monos. ¡Cómo chillaban…!

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Otra de los viajes de Pepe y Juan desde Milán a Londres. Andaban con el Alfa Sprint por un camino de campo lindo, asfaltado. Un poco rápido -como siempre- y con tránsito pesado. Era de ida y vuelta, no autopista.

Iba todo tranquilo, cuando a lo lejos ven un auto detenido justo en un puente chiquito, y un señor, agachado, poniendo un crique. Pepe dice: “Che, Juan…¿Ese desgraciado pinchó justo en el puente…? ¿Por dónde pasamos…?”. Juan no le contesta. Cuando manejaba, no hablaba.

No hay tiempo para nada. Lo único que se puede hacer es apuntar bien, así como vienen. Juan calcula justo. Quedan el hombre que los ve venir junto a la baranda del puente, el auto con 3 ruedas apoyadas, el Alfa a mil y de frente un auto que viene.

Segundos después, Juan sigue mirando para adelante, pero Pepe se da vuelta. En ese preciso momento se caía el crique. El pobre hombre se agarraba la cabeza con las dos manos y miraba su autito. Entero.

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Se está por terminar la prueba de clasificación para el GP de Bélgica. Pepe, junto con Ascari y Villoresi, se van del circuito de Spa-Francorchamps y al prepararse para cruzar el guard-rail se oye un motor que anda a mil. Y Pepe, que había hecho el mejor tiempo, les grita: “¡Guarda que se viene el loco…!”. Y Juan pasa para hacer la pole, en el último instante.

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La empresa Ferrari festeja un acontecimiento con un desfile y paseo de todas sus máquinas por Maranello. Las de antes y las de ahora. Se mezclan pilotos y autos de todos los años en un ruidoso festejo seguido por una multitud.

Parado junto a su 375 4.5 L está Pepe y delante de él Michael Schumacher con la de sus triunfos notables. Pepe le dice querido y el alemán no le entiende nada. Es un diálogo de sordos, pero entre dos pilotos de esa categoría hay un idioma universal. Schumacher mira con atención el auto de Pepe y le dice: “González yo no sé como hacían para manejar esos autos…” Y Pepe, al toque, le responde: ”Y yo tampoco el tuyo, porque no se computación…”.